viernes, 6 de febrero de 2009

Una sanitaria dela DYA sufre unaagresión a manos del hombre al que atendía en un centro social en Bilbao

«Me cogió el boli del bolsillo para clavármelo»

«Lo más triste es que sabes que va a volver a pasar, a mí, a otro compañero de la DYA o de otra empresa». Carolina Gallego, de 25 años, lleva siete -dos como voluntaria- ejerciendo como técnica sanitaria y auxiliar de enfermería en las ambulancias de la DYA. «Trabajar en la calle es difícil, porque estamos solos, nunca sabes lo que te vas a encontrar, pero me gusta, ya sé lo que hay».
Su vocación, sin embargo, no le quita el «dolor físico» en todos los músculos del cuerpo, «en el brazo, en el cuello, tendinitis en el hombro derecho...», ni tampoco el «psicológico, que es peor. No te sientes segura». No era la primera vez que la agredían y teme que tampoco será la última.
Ocurrió a las doce y media del pasado lunes. La base de la DYA en Bilbao recibió un aviso de que había una persona «mareada» en un centro para personas desfavorecidas, donde les enseñan un oficio, en el número 3 de la calle Pablo Picasso. Salieron en la ambulancia ella y su compañera Arantza. En realidad, «no sabíamos a lo que íbamos».
Cuando llegaron, encontraron a un joven magrebí de unos 27 años con síntomas claros de embriaguez y probablemente 'colocado' por haber inhalado pegamento. «Estaba tranquilo. Se caía de la silla y entre dos educadores, mi compañera y yo le subimos», recuerda.
Como en cualquier actuación, le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Y «fue visto y no visto. Me enganchó del cuello y me tiró al suelo, caí de culo, pero me levanté y me volvió a agarrar con tal fuerza que me desgarró el chaleco», revive. Pero el individuo aún fue más allá. «Cogió uno de los bolis que llevo en el bolsillo de la chaqueta para intentar clavármelo». Los educadores se percataron de su intención y «le sentaron».
Carolina se quedó «seca». «¡Ostras!, ¿qué ha pasado?». Al recapacitar, pensó: «'Lo siento pero yo me voy de aquí'. Cogí el botiquín y salí a esperar a la patrulla». Los agentes de la Ertzaintza detuvieron al agresor. Un educador le contó después que tenía problemas con el alcohol y que estaba en período de desintoxicación. «No me dio ni tiempo a hacer una valoración».
Costillas rotas
Las agresiones a sanitarios son «habituales». «De 16 o 17 emergencias que tenemos al día, en 5 o 6 hay un disgusto, tengo compañeros a los que han roto las costillas. Es muy duro que vayas a ayudar a una persona y...». Enumera las veces en que ha sufrido ataques por parte de pacientes. «Hace un año en San Francisco nos ayudaron unos africanos de esos que llevan túnica porque nos querían pegar. Otra vez, en un domicilio nos sacaron un cuchillo, la gente se pone muy agresiva, y tuvimos que salir corriendo».
De momento, la joven está «fastidiada» y el domingo le toca otra vez guardia. Augura que, «si no se toman medidas, volverá a pasar, y yo soy de las que si veo mal el percal no me bajo de la ambulancia, pero ¿qué tenemos que hacer, pedir apoyo policial cada vez que salgamos?».

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